miércoles, 8 de enero de 2020

Breves nociones para insultar con propiedad


Siendo yo adolescente, hace ya mucho tiempo, dos veces que recuerde, llegué hasta el terreno del público insulto en mis diferencias con un compañero de estudios. No recuerdo quien insultó primero, quizás yo. Yo le arrojé un "comunista" y el me devolvió un "facha". La razón de tal proceder: la envidia, la inseguridad, el miedo a crecer, el miedo a los cambios...


Mucho he insultado y me han devuelto desde entonces, de forma pública y privada, directa e indirectamente, de forma colectiva y particular. Ni me enorgullezco, ni me arrepiento, pues el arrepentimiento nos roba un tiempo necesario para cosas que si se pueden cambiar.

Con el tiempo insulto más en privado y colectivamente, con alevosia y precaucion, que cara a cara, que resulta mucho más embarazoso. Al margen de esto, desde hace mucho, echo de menos una mayor propiedad a la hora de insultar y ser insultado, sufriendo vergüenza propia y ajena.

Las líneas que siguen intentarán aclarar conceptos, proponiendo vocablos precisos y diversos, para uso propio y de todos aquellos que deseen insultar y ser insultados.

Empecemos por algo sencillo como es el binomio "demócrata, autocrata". Demócrata es el partidario de la democracia, que por tanto, aunque no necesariamente, participará en la toma de decisiones y en el respeto de las mismas. Se puede participar en la toma de decisiones eligiendo a un representante político, o siendo uno de ellos, con el grado de responsabilidad y capacidad que lleve aparejado el cargo que se detenta.

La democracia tiene una dimensión colectiva, y es la definición de ese sujeto colectivo lo que nos lleva a engaños. Ese colectivo puede ser muy reducido, como en el caso del grupo de amigos que deciden a que bar van a cenar la noche del sábado. Si la decisión se toma entre todos por mayoría es una decisión democrática, si la impone el que tiene el coche es una decisión autocrática.

En el caso de un sujeto colectivo algo mayor, se habrá de partir de unas normas e instituciones que establezcan los mecanismos de representación y decisión aceptados, por la mayoría de ese sujeto colectivo.

En tiempos recientes hemos podido asistir a simulacros de toma de decisiones desde instituciones asociadas a un gran colectivo, por parte de otro sujeto colectivo mucho menor, al margen de la normativa que a todos nos asiste, y todo ello por la pereza de encarar un proceso revolucionario sincero, al margen de toda normativa preestablecida y sin la cobertura del estado de derecho.

En el siglo XIX el general Prim acuñó la famosa frase "o caja o faja", que viene a decir: iremos a por todas, si vencemos conseguiremos el fajín con honores militares, si no acabaremos en la caja del ataud, después del combate o el pelotón de fusilamiento. En la actualidad los revolucionarios del siglo XXI en nuestra envejecida Europa, versión 4.0 apuestan por la frase "o faja o faja", conseguir los objetivos sin arriesgar nada en el empeño y utilizando el comodín de "soy un ciudadano agraviado de un colectivo agraviado".

Para acabar, autocrata es el partidario de la autocracia que, o bien desea no tener que tomar decisiones, dejándoselas al dictador, rey absoluto etc., o bien se trata de ese que toma en solitario las decisiones. A los regímenes autocráticos también se les denomina dictaduras o se les caracteriza de totalitarios. Por tanto, esos sujetos que detentan el poder son dictadores, tiranos, déspotas, o sátrapas.

Entre la democracia y la autocracia hay variados grados de ambas y, por tanto de demócratas o autócratas. Desde el asamblearismo ácrata y socialista utópico hasta la "dictadura del proletariado" o el régimen "nazi" con partidos cuasi únicos y organismos de representación y decisión supeditados a la decisión del líder.

Otro binomio importante es el formado por las palabras "autoritario, libertario". Autoritario es aquel partidario de la autoridad, su existencia y su ejercicio. Libertario es aquel partidario de la libertad frente al estado, ya sea desde una vertiente anarquista o liberal.

La libertad en abstracto no existe, salvo en un mundo ideal de seres individuales enfrentados a los rigores del medio, los depredadores y las presas a las que comerse. En el resto de mundos la libertad es relativa. Podemos comparar momentos históricos y modelos sociales con mayor o menor grado de libertad individual. La libertad y la conciencia que de ella tenemos va muy ligada a los derechos que una determinada sociedad reconoce a sus ciudadanos o a algún colectivo de los mismos.

Los derechos fuera de una sociedad con normas establecidas no existen. Los derechos humanos y el resto de ellos son artificios culturales. Al margen de la sociedad humana el único derecho es el que esgrime el animal más fuerte, que siempre se come al chico, cuando tiene hambre y el que emana del instinto de conservación impreso en el ADN de cada especie.

La autoridad la ejerce quien tiene el mandato o el poder para hacerlo. En las sociedades liberales, dotadas de instituciones democráticas con representación parlamentaria, la legislación establece quien ha de ejercer esa autoridad en las diferentes situaciones administrativas, de orden público o militares.

La autoridad rige allá en donde unos diferentes intereses pueden llevar a las partes a una lucha. Puede ser el ánimo de llegar pronto, frente al interés común de evitar los accidentes de tráfico, mantener nuestro patrimonio, frente a la necesidad de recaudar impuestos con los que sufragar los gastos del estado, ocupar la vía pública para protestar por una situación injusta, frente a la necesidad de movilidad en la ciudad, o la tentación del lucro frente a la propiedad privada de terceros.

Para terminar, es cierto que algunos sienten el deseo de adquirir mayores libertades y otros desean un mayor ejercicio de la autoridad para que defienda, frente a terceros, la libertad que ya tienen. Estos son los libertarios unos y autoritarios otros.

Un tercer binomio interesante es el formado por los términos "revolucionario, reaccionario". Revolucionario es aquel que participa o es partidario de la revolución. Reaccionaria es aquella persona contraria a los cambios, y por tanto, a los procesos revolucionarios. Es más, desea que nada cambie y, a veces, lucha para evitar los cambios. En este sentido una persona reaccionaria es conservadora.

Cabría acotar el concepto de revolución. Se trata de un cambio significativo en las instituciones políticas y sociales. El proceso revolucionario presupone una lucha organizada frente al poder establecido y frente a sus normas, no reconocidas por los revolucionarios, que pretenden establecer nuevas leyes.

Acabaremos con un cuarto binomio de términos, uno de ellos no tan utilizado. Se trata de "liberal, estatista". Vivimos en un mundo desarrollado con raíces y tendencias liberales, que ha desarrollado un aura positiva en torno a la palabra liberal.

En términos político-económicos liberal es el partidario del liberalismo, y el liberalismo una doctrina política que defiende una intervención mínima del estado, frente a la iniciativa privada. El ultraliberalismo es liberalismo que "algunos" consideran exagerado, pero liberalismo al fin.

Estatista sería aquella persona partidaria del estatismo. El estatismo, término escasamente utilizado, se podría aplicar a todo aquel régimen político que conlleva un gran control de las instituciones del estado sobre la actividad económica y empresarial.

En el primer tercio del siglo XIX, en España, se comenzaron a perfilar los partidos "moderado" y "progresista", el primero tendente al absolutismo y el segundo tendente al liberalismo parlamentario. Hacia final de siglo estos partidos se habían transformado en el "conservador" y el "liberal", llamados en realidad Partido Liberal-Conservador y Partido Liberal-Fusionista, después de múltiples escisiones, nuevos partidos y fusiones de moderados, progresistas e incluso absolutistas.

En otro orden de cosas, ataquemos otras vertientes de nuestro ser social, igualmente sugerentes. Probemos con el binomio "feminista", "machista". Parecer ser que feminista es aquella persona que participa del feminismo, que a su vez persigue la igualdad de derechos, de trato y de responsabilidad entre mujeres y hombres.

Por analogía machista sería la persona partidaria del machismo, que habría de perseguir la igualdad de derechos, de trato y de responsabilidad entre hombres y mujeres. Pero no..., esto más bien podría ser un sano masculinismo.

Machista, parece ser que es la persona que defiende, o actúa, o permite que, en la práctica la mujer tenga menos derechos, reconocimiento, o peor trato que el hombre, sea ello constitutivo de delito, o no.

Podríamos acabar con un clásico, el binomio "izquierda" , "derecha". En aquel lejano siglo XIX, izquierda podría ser el partido progresista o el liberal y derecha el partido moderado o el conservador, pero aquello nos queda tan lejos.

Hoy en día ser de derecha podría ser defender una estructura familiar patriarcal, promover la práctica de alguna de las religiones dominantes, disponer de un sentimiento nacional y patriota, exigir la aplicación más severa de las leyes, tener poca comprensión hacia los diferentes, como pueden ser los y las homosexuales e inmigrantes, impedir en la medida de lo posible el suicidio, el aborto o la eutanasia, desear el triunfo de la iniciativa privada frente a las empresas y servicios publicos y tener una cierta alergia al pago de impuestos.

Por otra parte ser de izquierda ahora presupone añorar la República, defender a los asalariados y pobres frente a las agresiones capitalistas, defender a todo tipo de minorías, ya sean mujeres, inmigrantes, miembros del colectivo LGTBI o minorías étnicas, luchar por la defensa del medio ambiente, perseguir el machismo, promover que los ricos paguen más impuestos, luchar por una sociedad laica y defender un internacionalismo proletario.

Dejando de lado los binomio veamos ahora la familia de grandes insultos "nazi", "fascista" y "facha", a los que podríamos añadir "faccioso". Nazi era el miembro del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. Fascista fue el miembro del Partido Nacional Fascista italiano y se asocia a los partidarios de regímenes dictatoriales de corte militarista. Facha según el diccionario de la Real Academia Española significa fascista o persona de ideología política reaccionaria. Faccioso es un rebelde armado que pertenece a una facción, pero en la Guerra Civil era como denominaban a los nacionales los republicanos.

Pasando ahora a los términos más coloquiales podemos encarar "progre", "carca" y "pijo". Para el diccionario de la Real Academia progre es alguien progresista y de ideas avanzadas, aunque se utiliza con frecuencia despectivamente. Carca procede de la palabra portuguesa carcunda, persona de actitudes retrógrada. Pijo es aquel que en su vestuario, modales, lenguaje, etc., manifiesta afectadamente gustos propios de una clase social adinerada.

Probemos con otros términos coloquiales, como los utilizados para referirse a los miembros del Partido Popular, ya sea "peperos" o "derechita cobarde", dependiendo del extremo del arco ideológico del que proceda. Para los miembros del PSOE sirven los términos "sociatas" y "sociolistos". En el caso de los miembros de Unidas Podemos, son habituales "podemitas" y "perro flautas" en referencia a  los personajes "alternativos" que participaron en el movimiento 15 M.

Acabamos con colores, rojo, verde, amarillo, azul... El rojo se asocia a la revolución, se utilizó durante la Revolución francesa y la Comuna de París. El rojo también es, o fue, el color de la bandera de los partidos socialistas, del laborista inglés, el bolchevique y los comunistas a los que este inspiró. El verde es el color de los movimientos agrarios y ecologistas, aunque "estar verde" es otra cosa. El amarillo es el color de los partidos liberales, del Papa de Roma y de los partidos que apoyaban a los patronos frente a los obreros, en las huelgas. Por eso se hablaba de sindicatos amarillos, refiriéndose a los promovidos por los patronos. También existen periódicos amarillos, si es que son extraordinariamente tendenciosos. Azul es el color de la sangre real y de los partidos conservadores, a partir de su uso por los tories británicos en el siglo XVII.

En opinión de Cristina García Morales "La palabra facha se usa poco. Hay muchos más de los que nos pensamos.". Quizás no sea un insulto y si una caracterización sin ánimo vejatorio. Sean ustedes Cristinas, cristianas, ateas o agnósticas, insulten con precaución y, si pueden, con propiedad.

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