En nuestra no tan reciente ilustre historia cupieron cinco años para una Segunda República, tres más para la última Guerra Civil, poco más de cuarenta para una dictadura y, a día de hoy, ya hemos acumulado diez largos lustros en los que han podido ejercer con toda comodidad tantos luchadores antifranquistas como, con el paso del tiempo, han ido surgiendo.
Valencia, 28 de febrero de 1916. Huelga en Valencia. Manifestación de mujeres al frente de la cual figura la presidenta del Centro Feminista, dirigiéndose al Ayuntamiento pidiendo a grandes voces la dimisión del alcalde.
Perogrulladas
Bastante tiempo atrás, tal que en 1627, Don Francisco Gómez de Quevedo Villegas y Santibáñez Cevallos vio por fin publicada en Barcelona su obra Sueños y discursos de verdades descubridoras de abusos, vicios y engaños en todos los oficios y estados del mundo.
Eran cinco estos sueños y llevaban por título: Sueño del Juicio Final, El alguacil endemoniado, Sueño del Infierno, El mundo por de dentro y Sueño de la muerte.
Pues bien, en el texto de este último —también conocido como Visita de los chistes—, Quevedo nos relata las cinco profecías de Pero Grullo.
Desde entonces —y se sospecha que también bastante antes—, una verdad de Perogrullo es, en palabras de la Real Academia Española, «aquella verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza el decirla».
Aun a riesgo de resultar simple e incluso necio me veo persuadido para traer aquí una de esas verdades: aquella que acredita que, sí, la historia la escriben los vencedores.
Esta sentencia de Perogrullo, que tantas veces ha estado en nuestras bocas, también la hemos oído y leído de boca y puño de personas bastante más ilustres e ilustradas, para descargo nuestro.
George Orwell
Ha querido el azar que tome como ejemplo un texto publicado el viernes cuatro de febrero de mil novecientos cuarenta y cuatro en el diario ingles Tribune amparado bajo el título History is written by the winners. Su autor, Eric Arthur Blair —más conocido como George Orwell—, toma como punto de partida una anécdota protagonizada por sir Walter Raleigh para acompañarnos, acto seguido, a través de un relato que consolida al menos tres ideas clave.
Orwell es testigo de los cambios que se están produciendo en el mundo. Hasta ese momento se podía encontrar un tanto de objetividad en los relatos sobre lo ocurrido, incluso por lo que hace a tiempos tan cercanos como la Primera Guerra Mundial. El mundo está cambiando, y esta incertidumbre produce en el autor gran desasosiego.Desde hace diez o veinte años, de los diferentes hechos ocurridos existen dos versiones contradictorias y opuestas, y será recogida en los libros la que logre vencer en el campo de batalla.Pese a la guerra, en Gran Bretaña hay más libertad de expresión; las crónicas periodísticas mienten menos que en Alemania, y la verdad será mejor defendida por nuestro espíritu liberal.Merece la pena leer el texto completo del artículo. Para quien lo desee, se puede obtener el original en inglés accediendo al enlace.La historia la escriben los ganadores
Cuando sir Walter Raleigh estuvo preso en la Torre de Londres, se dedicó a escribir una historia universal. Había terminado el primer volumen y estaba trabajando en el segundo cuando se produjo una riña entre unos obreros bajo la ventana de su celda, y uno de ellos murió. A pesar de sus diligentes investigaciones, y a pesar de haber presenciado el suceso, Sir Walter nunca logró descubrir el motivo de la disputa; por lo que, según se dice —y si la historia no es cierta, sin duda debería serlo—, quemó lo que había escrito y abandonó su proyecto.
Esta historia me ha venido a la cabeza no sé cuántas veces durante los últimos diez años, pero siempre con la reflexión de que Raleigh probablemente estaba equivocado. Considerando todas las dificultades de la investigación en esa época, y la especial dificultad de investigar en prisión, probablemente podría haber producido una historia universal con cierta similitud con el curso real de los acontecimientos. Hasta una fecha relativamente reciente, los principales acontecimientos registrados en los libros de historia probablemente ocurrieron. Probablemente sea cierto que la batalla de Hastings se libró en 1066, que Colón descubrió América, que Enrique VIII tuvo seis esposas, etc. Cierto grado de veracidad era posible siempre que se admitiera que un hecho puede ser cierto aunque no te guste. Incluso en una época tan tardía como la última guerra, la Enciclopedia Británica , por ejemplo, pudo recopilar sus artículos sobre las diversas campañas basándose parcialmente en fuentes alemanas. Algunos datos —las cifras de bajas, por ejemplo— se consideraban neutrales y, en esencia, todos los aceptaban. Nada de eso sería posible ahora. Una versión nazi y otra no nazi de la guerra actual no tendrían ningún parecido entre sí, y cuál de ellas llegará finalmente a los libros de historia se decidirá no por métodos probatorios, sino en el campo de batalla.
Durante la Guerra Civil Española, tuve la profunda convicción de que nunca se escribiría ni se podría escribir una historia verdadera de esta guerra. Simplemente no existían cifras precisas ni relatos objetivos de lo que estaba sucediendo. Y si pensaba eso incluso en 1937, cuando el Gobierno español aún estaba en el poder y las mentiras que las diversas facciones republicanas se contaban entre sí y sobre el enemigo eran relativamente pequeñas, ¿cómo se mantiene la situación ahora? Incluso si Franco es derrocado, ¿en qué tipo de registros se basará el historiador del futuro? Y si Franco o alguien que se le parezca permanece en el poder, la historia de la guerra consistirá en gran medida en «hechos» que millones de personas hoy en día saben que son mentiras. Uno de estos «hechos», por ejemplo, es que había un ejército ruso considerable en España. Existe la evidencia más abundante de que no existía tal ejército. Sin embargo, si Franco permanece en el poder, y si el fascismo en general sobrevive, ese ejército ruso pasará a los libros de historia y los futuros escolares lo creerán. Así que, a efectos prácticos, la mentira se habrá convertido en verdad.
Este tipo de cosas suceden constantemente. De los millones de ejemplos disponibles, elegiré uno que sea verificable. Durante parte de 1941 y 1942, cuando la Luftwaffe estaba ocupada en Rusia, la radio alemana deleitó a su audiencia local con historias de devastadores bombardeos sobre Londres. Ahora bien, sabemos que esos bombardeos no ocurrieron. Pero ¿de qué serviría nuestro conocimiento si los alemanes hubieran conquistado Gran Bretaña? Para un futuro historiador, ¿ocurrieron esos bombardeos o no? La respuesta es: si Hitler sobrevive, ocurrieron, y si cae, no ocurrieron. Lo mismo ocurre con innumerables otros eventos de los últimos diez o veinte años. ¿Son los Protocolos de los Sabios de Sión un documento genuino? ¿Conspiró Trotsky con los nazis? ¿Cuántos aviones alemanes fueron derribados en la Batalla de Inglaterra? ¿Acoge Europa con satisfacción el Nuevo Orden? En ningún caso se obtiene una respuesta universalmente aceptada por ser verdadera: en cada caso se obtienen varias respuestas totalmente incompatibles, una de las cuales finalmente se adopta tras una lucha física. La historia la escriben los vencedores.
En última instancia, nuestra única pretensión de victoria es que, si ganamos la guerra, mentiremos menos que nuestros adversarios. Lo realmente aterrador del totalitarismo no es que cometa atrocidades, sino que ataca el concepto de la verdad objetiva: afirma controlar tanto el pasado como el futuro. A pesar de todas las mentiras y la autocomplacencia que fomenta la guerra, sinceramente no creo que pueda decirse que esa mentalidad esté creciendo en Gran Bretaña. Considerando esto con otras palabras, diría que la prensa es ligeramente más libre que antes de la guerra. Sé por experiencia propia que ahora se pueden publicar cosas que no se podían publicar hace diez años. Los opositores a la guerra probablemente han sido menos maltratados en esta guerra que en la anterior, y la expresión pública de opiniones impopulares es sin duda más segura. Por lo tanto, existe la esperanza de que la mentalidad liberal, que considera la verdad como algo externo a uno mismo, algo por descubrir, y no como algo que se puede inventar sobre la marcha, sobreviva. Pero sigo sin envidiar el trabajo del futuro historiador. ¿No es un comentario extraño sobre nuestra época que ni siquiera las bajas de la guerra actual puedan estimarse en varios millones?
En el texto de Orwell, sir Walter Raleigh decide no escribir más páginas de su proyectada The Historie of the World y destruir lo ya escrito al verse incapaz de encontrar las razones de un hecho que ha visto con sus propios ojos: en una disputa acaecida bajo la ventana de su celda muere uno de los dos contendientes.
No importa la veracidad de esta anécdota, sino el uso que de ella hace Orwell. En su opinión, hasta épocas relativamente recientes era bastante probable que lo escrito en los libros de historia reflejara hechos que ocurrieron, aunque la descripción de los detalles no fuese necesariamente tan acertada.
Por esta razón, Raleigh podría haber completado su The Historie of the World, aun considerando las dificultades que suponía estar preso, ya que tendría acceso a diversos libros, lo que podría haberle permitido producir una historia universal con cierta similitud con el curso real de los acontecimientos.
En palabras de Orwell, en momentos más cercanos, la información que se recogió en la Enciclopedia Británica sobre la Primera Guerra Mundial se basó parcialmente en fuentes alemanas. Algunos datos, como los referentes a las cifras de bajas, eran entonces aceptados por todos como ciertos. En ese momento, al final de la Segunda Guerra Mundial, la veracidad de la información procedente de fuentes alemanas había desaparecido: una versión nazi y otra aliada de la guerra no tenían ningún parecido entre sí.
En su artículo, Orwell confiesa que, durante la Guerra Civil Española, era consciente de que nunca se podría escribir una historia verdadera de la misma, ya que no existían cifras precisas ni relatos objetivos de lo que estaba sucediendo. Así y todo, las mentiras que las diversas facciones republicanas se contaban entre sí y sobre el enemigo eran relativamente más pequeñas que las que circulaban en los medios del bando nacional.
Pues bien, quedémonos con la idea de que los vencedores son los que llevan al texto impreso su versión de la historia y que, de estas versiones, unas son más veraces que otras, pero todas ellas hablan de una realidad no del todo cierta. El otro aspecto a destacar del artículo es que Orwell no puede evitar pertenecer a uno de los dos bandos, para bien y para mal, y ello le resta un tanto de objetividad.
Pasado, memoria e historia
Los términos pasado, memoria e historia están relacionados. El contenido del pasado —no ofrece dudas— es el conjunto de todo lo que ha sucedido antes del momento presente. En este sentido, estaríamos hablando, por simplificar, de todo lo sucedido entre el 18 de julio de 1936 y el 30 de noviembre de 1975.
La memoria es el resultado del proceso mediante el cual los individuos y las sociedades eligen qué aspectos de su pasado recordar, y cuáles olvidar. La memoria desempeña un papel crucial en la creación de la historia.
Cuando se habla de la memoria de una sociedad nos referimos a la memoria colectiva, concepto ligeramente escurridizo, al igual que ocurre con opinión pública. En el tema que nos atañe no existe una única memoria colectiva, sino dos o quizás tres, y todas ellas son irreconciliables.
La historia es el proceso mediante el cual los individuos y las sociedades dan sentido al pasado registrándolo en relatos escritos.
Los vencedores
La Guerra Civil Española la perdió el ejército del gobierno republicano y la ganó el ejército del bando nacional. Esa victoria dio paso a la dictadura del general Francisco Franco Bahamonde, que se hizo llamar Generalísimo para justificar su posición en lo alto de la cadena de mando militar y al frente del estado.
En ese momento, la historia en España la escribían, como no, los vencedores. Entre los más significativos, Joaquín Arrarás escribió Historia de la Cruzada Española, publicada en 36 tomos y 9 volúmenes, entre 1939 y 1943, e Historia de la segunda República Española, en cuatro tomos. Francisco Camba publicó en 1939 Madridgrado y en 1956 La revolución española ante el mundo; Víctor Ruiz Albéniz, El Tebib Arrumi, en 1940 ¡Asturias por España!; y José María Pemán el Poema de la bestia y el ángel.
Como muestra de las posiciones ideológicas de los vencedores y su alineamiento con los gobiernos alemán e italiano, sirva este pequeño artículo aparecido en el diario PROA del domingo 7 de enero de 1940.
La diferencia entre los regímenes de los varios países en la decidida actitud de la Italia fascista frente a la agresión soviética a Europa contrasta con la titubeante política de Inglaterra y de Francia, las que sin embargo pretenden haber declarado la guerra a Alemania en nombre y representación de Europa.
El hecho no es nuevo, ya que con motivo del conflicto que ensangrentó a España las llamadas democracias adoptaron una actitud análoga: el Gobierno francés de Blum, proponiendo la "no intervención" al mismo tiempo que proporcionaba a los rojos toda clase de ayudas para agravar y prolongar el conflicto y el Gobierno británico regateado durante largos meses el reconocimiento del derecho de beligerancia, para dejar a los capitanes piratas la oportunidad de pingües beneficios a base del saqueo de las riquezas de España.
Si alguien tuvo la ilusión que la lección habría servido para algo, puede desengañarse: Inglaterra y Francia después de haber alentado la suicida resistencia de Polonia para tener un pretexto con el que declarar la guerra a Alemania, no se han atrevido a hacer otro tanto con la Rusia soviética, a pesar de que ésta ha invadido a Polonia y sucesivamente a Finlandia.
Evitando tomar directamente una actitud decidida Inglaterra y Francia han logrado que Rusia fuera expulsada de Ginebra pero los veredictos de Ginebra carecen de toda eficacia y Rusia respondió con insolencia a la Sociedad de las Naciones reprochando a las grandes democracias su falta de sinceridad y de valor para asumir la responsabilidad de sus actos, y su pretensión de ampararse detrás de una asamblea irresponsable en la que por mayor escarnio los países más interesados en oponerse a Rusia fueron los que menos se atrevieron a manifestarlo por miedo a las represalias y por la escasa confianza en el apoyo anglo-francés que en el caso de Polonia resultó negativo.
En cambio la Italia fascista no ha tenido inconveniente en declarar paladinamente que no podría tolerar la injerencia soviética en los Balcanes y la clara advertencia italiana obligó al Gobierno soviético a desautorizar unas amenazas contra Rumania aparecidas en la revista "Internacional Comunista".
La reacción rusa no se hizo esperar y el nuevo Embajador soviético fue retirado de Roma aun antes de presentar sus cartas credenciales, medida a la que Italia respondió con una medida análoga dejando bien definida y sin posibilidad de equivocación su actitud que contribuye eficazmente a aclarar la situación, mientras, que las tergiversaciones democráticas concurren a enturbiarlo.
Los vencidos
Si bien existió un gobierno republicano en el exilio, no tuvo mucho más que un valor simbólico, aunque muchos republicanos exiliados escribieron sobre su experiencia en la Guerra Civil. Uno de ellos, Manuel Chaves Nogales, escribió A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España en 1940, por su parte, Clara Campoamor escribió en 1936 La revolución española vista por una republicana; el hispanista inglés Gerald Brenan The Spanish Labyrinth: An Account of the Social and Political Background of the Spanish Civil War en 1943; y Ramón J. Sender la novela Contraataque en 1937.
De esta última obra es el siguiente fragmento:
El gran escritor Valle-Inclán, que murió poco antes de comenzar la guerra, me decía un día mirando melancólicamente la gente desde la terraza del café:
— En treinta años la vida española ha avanzado mucho. Vea usted. Los hombres, las mujeres, son mucho más guapos hoy que cuando yo era joven. La belleza física en España es mucho más frecuente que en otros países. La salud, la alegría de vivir, la inteligencia, el buen gusto han ganado todo el terreno perdido por el fanatismo religioso.
Somos uno de los pueblos más cultos, más hermosos y más sanos de Europa. Es doloroso pensar que vamos a perder todo esto en unos meses. ¡Qué lástima!
Presentía la sangre, el hambre, los horrores de una guerra civil. Creíamos que exageraba. A mí mismo (claro es que yo vine a la vida dentro de este siglo, cuando ya era posible bañarse y comprar libros y no conocía la generación de Valle-Inclán), me parecía que sus temores iban más lejos de la realidad. Pero ¡cuántas profecías en sus palabras! Y no sólo en éstas, sino en sus augurios sobre la relación de Franco con el fascismo alemán e italiano y en otros detalles de la guerra que se avecinaba. Con sus ojos perdidos en la vaguedad del presentimiento, repetía:
— ¡Qué lástima!
Ley de Memoria Histórica
El 27 de diciembre de 2007 se publicó en el BOE la Ley 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocían y ampliaban derechos y se establecían medidas a favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la Guerra Civil española y la dictadura franquista. A esta ley —a la que no se pudo dar un título más corto— se la conoció como Ley de Memoria Histórica.
La ley fue aprobada por trámite de urgencia y en lectura única en el Congreso el 31 de octubre. La mayoría de sus artículos fueron aprobados con 184 votos a favor, procedentes de las filas del PSOE, CiU, PNV, IU-ICV, CC y BNG; 137 en contra —los del PP—, y 3 abstenciones, procedentes de ERC. Algunos artículos, no obstante, se aprobaron por una diferencia de apenas diez votos. Por tanto, la ley fue respaldada con el 56,79 % de los votos emitidos.
Durante el debate parlamentario, la vicepresidenta primera del Gobierno, M.ª Teresa Fernández de la Vega, dijo, entre otras cosas, lo siguiente:
… Esta es la ley de la que hablamos, una ley que ha experimentado una sensible transformación como consecuencia de las aportaciones de los distintos grupos que integran esta Cámara y de ese intenso esfuerzo colectivo por alcanzar el mayor grado de consenso. ...
Pues bien, no parece que un 56,79 % represente un notable grado de consenso que contribuya a suprimir elementos de división entre los ciudadanos, tal como se pretende y se puede leer al principio de su articulado.
En este sentido, en su artículo primero queda recogido:
1. La presente Ley tiene por objeto reconocer y ampliar derechos a favor de quienes padecieron persecución o violencia, por razones políticas, ideológicas, o de creencia religiosa, durante la Guerra Civil y la Dictadura, promover su reparación moral y la recuperación de su memoria personal y familiar, y adoptar medidas complementarias destinadas a suprimir elementos de división entre los ciudadanos, todo ello con el fin de fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales.
2. Mediante la presente Ley, como política pública, se pretende el fomento de los valores y principios democráticos, facilitando el conocimiento de los hechos y circunstancias acaecidos durante la Guerra civil y la Dictadura, y asegurando la preservación de los documentos relacionados con ese período histórico y depositados en archivos públicos.
El abuelo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero
En el último párrafo de su discurso de investidura, que se reproduce a continuación, el futuro presidente hace un guiño a la figura de su abuelo paterno, Juan Rodríguez Lozano.
En mi vida ese rumbo ha estado marcado siempre por un credo que quisiera expresar públicamente en un día y en un acto como éste. Ese ideario es breve: un ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes.
Este recuerdo familiar influirá notablemente en la gestación de la llamada Ley de Memoria Histórica.
Juan Rodríguez Lozano nació el 28 de julio de 1893 en la localidad pacense de Alange. Hijo del teniente de infantería, Sebastián Rodríguez, entró en la Academia de Infantería de Toledo en 1913, y seis años después fue destinado al norte de África, consiguiendo la Cruz del Mérito Militar por su actuación en combate. En 1923 es nombrado capitán y regresa a la Península, recalando finalmente en el Regimiento de Infantería «Burgos» n.º 36, en la ciudad de León.
La hoja de servicios del capitán Juan Rodríguez Lozano, que se conserva en el Archivo Militar de Segovia, relata así su actuación durante la Revolución de Octubre del 34.
En 15 de septiembre marchó por ferrocarril con su Coronel Don Vicente Lafuente Baleztena a Astorga asistiendo con el Regimiento a las Maniobras que tuvieron lugar en los Montes de León terminadas las cuales en 3 de octubre regresó en igual forma a su guarnición. En 5 de octubre y con motivo del movimiento revolucionario estallado en las provincias de Asturias y León se hizo su Coronel cargo de la Comandancia Militar de la Plaza y quedó a las inmediaciones de dicho Jefe de servicio en la misma hasta el día 12 que acompañando al citado Jefe marchó a Campomanes asistiendo a los reconocimientos que se verifican sobre los Montes que ocupan los rebeldes, el 14 auxilia al citado Jefe en el reconocimiento sobre el poblado de Rouzón siendo intensamente tiroteado el grupo de reconocimiento y quedando en el pueblo de Vega del Rey hasta el día 18 que a las órdenes del citado Coronel que manda la Columna Centro toma parte en la operación que da por resultado la ocupación de Pola de Lena y Ujo pernoctando en este último punto y continuando al día siguiente a Mieres donde el tan repetido Jefe se hace cargo de la Comandancia Militar auxiliándole en su carácter de ayudante en las inspecciones que realiza a los pueblos de aquella zona, donde permanece hasta el 31 de octubre que regresa a su guarnición.
En el diario Proa del 23 de julio de 1937 se narraba el asalto al Gobierno Civil, defendido por el capitán Juan Rodríguez Lozano.
La toma del Gobierno Civil
La compañía del capitán del Moral se había encargado de este cometido y lo cumplió exactamente. Es una pena que falten algunos datos de estas cosas, pero allá va lo que me han dicho y sirvan estos míos para que otros escriban sus recuerdos y, así, completar las informaciones.
El capitán desplegó sus fuerzas. Unos soldados subieron a casa del Sr. Costillas y frente a las habitaciones del gobernador empezaron a tirotear los balcones por los de la casa citada. Utilizaron también bombas de mano. Otros hicieron lo propio con las dependencias de oficinas por la parte de las Recoletas. Y otros, por la calle de Fajeros, desde la casa de Dª. Antonia Hevia.
En casa del Sr. Costillas instalaron, además, una ametralladora, o fusil ametrallador, tirando la barandilla del balcón para que no estorbase. También algunos soldados disparaban desde la Avenida del Padre Isla.
Es decir que los del gobierno estaban copados, rodeados.
Habría en el edificio mas de sesenta personas, entre ellas los capitanes Juan Rodríguez Lozano y Timoteo Bernardo Alonso, unos guardias de Asalto, rojos, y los pobres guardias de Seguridad que, con los agentes de Policía, adictos, se encontraron entre la espada y la pared...
Porque ponerse contra los del Frente Popular no podían, por su escaso numero y contra el Ejército ni podían... ni, sobre todo, ¡querían!... ¡Buena voluntad tenían los de Seguridad, en general a los marxistas!
Los chicos del capitán Moral empezaron el “fregado” con un entusiasmo loco. Igual que todos los muchachos del Regimiento de Burgos, por supuesto, que parecía que les pagaban un tanto por disparo... Y eso ¡que la oficialidad anduvo parca! para no derrochar municiones.
Los del Gobierno abandonaron oficinas, dependencias y habitaciones particulares por huir de aquella lluvia que atravesaba los tabiques. Como que hace pocos días, al entrar con el Delegado de Prensa a dejar unos libros, para “Lecturas del soldado”, en una habitación interior del Gobierno vi, sorprendido, impactos donde menos pudiera creerse.
Guardias, policías y los rojos que había allí se refugiaron en el hueco de la escalera y algunos se acurrucaron bajo esta, como pudieron. ¡Y bala va, y bala viene!...
En aquel trance, se le ocurre al agente de policía Sr. Becerril prestar un honroso y humanitario servicio, muy propio de su instituto y de sus sentimientos: salvar a una mujer inocente que se había metido.
Pero los del capitán Moral que no sabían que pasaba en el Gobierno, pues nadie se movía y era de temer una celada de aquella tranquilidad, seguían tirando. Y una de las bombas, diestra y fuertemente lanzada ¡vive Dios!... porque buen brazo tuvo el granadero, fue a caer al patio donde estaba el amigo Becerril.
No le mató por milagro, le hirió levemente y quedo sordo del oído izquierdo, y momentáneamente desmayado. El suboficial D. Santos, igual que otros, le creyó muerto y le rezo una oración entre lagrimas...
El 18 de agosto de 1936, a las seis de la mañana, el capitán Rodríguez Lozano fue fusilado en el polígono de tiro de Puente Castro. Antes, pudo redactar su testamento —que se puede leer a continuación— ante el notario Arturo García del Río:
Juan Rodríguez Lozano, natural de Alange, provincia de Badajoz, de cuarenta y tres años de edad, casado con Dª Josefina García y García, de cuyo matrimonio tiene dos hijos, Josefina y Juan, hallándose en pleno uso de sus facultades declara:
4º.— Desea ser enterrado civilmente, sin pompa alguna, entregando su cadáver a su esposa o representante de ella, y cuando su esposa lo crea oportuno, si alguna vez lo cree, sean trasladados los restos al cementerio de Pola de Gordón, donde reposan los restos de sus seres queridos, como sería su deseo que al morir su esposa la entierren junto a él.
5º.— Para tranquilidad de su esposa y familia, declara creer en la existencia de Dios, rechazando su conciencia en cambio los ritos humanos. Su fe en el Ser Supremo es firme. A él encomienda su alma de creyente, que procuró siempre tener limpia de faltas, y a él también encomienda la felicidad de su esposa e hijos. A él, en este momento de abominables pasiones, pide la paz de España y de la Humanidad. Muere inocente y perdona. Pide a su esposa e hijos que perdonen también.
6º.— Que cuando sea necesario se vindique su nombre y se proclame que no fue traidor a su patria y que su credo consistió siempre en su ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes.
Y para que surta efectos legales lo declara así en León, prisión de San Marcos a diez y siete de Agosto de mil novecientos treinta y seis.
En internet circula el texto de una carta; no se sabe si quizás tan apócrifa como el testamento póstumo de Juan Rodríguez Lozano. Lo cierto es que en Wikipedia también se hace referencia a una carta remitida en febrero de 1934 por el capitán a Julián Zugazagoitia, director del periódico oficial del PSOE, ofreciéndose para colaborar bajo pseudónimo en temas militares.
Como consecuencia de los sucesos revolucionarios de 1934, El Socialista fue clausurado y sus locales en Madrid registrados, apareciendo entonces su carta a Zugazagotia, por la que fue procesado y condenado el 22 de abril de 1935 a ocho meses de suspensión de empleo y sueldo por «falta grave», dado de baja en su destino y pasado a la reserva en condición de «disponible forzoso».
Después de la victoria electoral del Frente Popular en febrero de 1936, fue amnistiado reincorporándose a su Regimiento en León.
Sr. Zugazagoitia.
Director de El Socialista
Madrid
Estimado Sr mío: Soy Capitán del Ejército y desde que comencé a discurrir por mi cuenta, socialista. Le sería fácil comprobarlo preguntando a los obreros de la cuenca minera de Santa Lucía, de esta provincia o a los compañeros de las organizaciones de León. Más cerca aún: Tiene V, ahí en Madrid, a un elementp (sic) destacado del partido, Valle, consejero de instrucción pública, que me conoce y sabe cómo pienso. Esta carta, no es pues, ni de un oficial monárquico ni de un oficial señorito. Es simplemente la carta de un militar que a pesar de serlo, siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una Humanidad mejor, de una más justa y mas (sic) científica organización social.
Por estas inquietudes, leo avidamente (sic) su periódico El Socialista y vibro con sus articulos (sic). He visto con satisfacción la campaña hace tiempo iniciada a favor de las clases de tropa. Con esa campaña se matan dos pájaros de un tiro: conseguir para ellos unas mejoras que son de justicia y captarlas para la causa. Eso está bien. Pero ¿es imprescindible para ello ir contra los oficiales, consiguiendo su enemiga? ya se (sic) yo, que es de mayor efecto en la captación que se pretende, señalar personalizando, los pretendidos culpables de las desdichas; pero entiendo -y conste que me he decidido a comunicárselo solamente en bien de la causa que El Socialista defiende- que puede hacerse muy bien la labor de captación, sin crear enemiga alguna y hasta conseguir otras captaciones no desaprovechables.
Llevo 20 años en el Ejercito (sic) y de ellos 12 de profesor de las clases de tropa. Primero en las Escuelas de cabos. Actualmente llevo 9 explicando a los Sargentos y Suboficiales. Esto me permite conocer sus necesidades, su formación, su espiritualidad. Ellos mismo –los de este cuerpo– podrían decir, hasta que punto estoy a su lado y hasta donde llega la estimación grandísima en que me tienen. Como ademas (sic), conocco (sic) tambien (sic) a los oficiales estoy autorizado para decirles que en todo cuanto se dice en el artículo “Consideraciones elementales sobre política militar” (del 10 de febrero) habiendo mucho de cierto, hay mucho sin embargo de desorientación, que a los que simpatizamos con las ideas de El Socialista nos crea en los cuartos de banderas, una situación embarazosa.
El supuesto de que se parte en el artículo dista tanto de lo real, que sirve para que compañeros propicios a ser enemigos de ideas humanas, se apoyen en la falsa posición de aquel y tomandola (sic) como argumento decisivo ustedes, arrastren decididamente a los neutrales.
Yo creo, que les interesa profundamente, que de cada vez sean más los convencidos de la razón que les asiste. Y digo honradamente, que en ese artículo se hiere a los oficiales, porque si bien es cierto que los hay de la silueta moral que se delinea en aquel, tambien (sic) es verdad que la espiritualidad de los oficiales jóvenes –Capitanes y Subalternos– se ha operado un cambio radical, iniciado mucho antes de llegar a la República. Somos muchos los que pensamos en socialista; pero la mayoría que no ha llegado aún a una orientación definitiba (sic), es materia muy permeable.
Quiero decir con todo esto, que seria (sic) un bien al tratar el periodico (sic) temas militares, no dirigieran los tiros a romper brecha, precisamente por ese punto situado entre las clases y los oficiales.
De esto, sabia mucho Galan (sic), el capitan (sic) fusilado en Jaca, que demostró su propio sacrificio, en que grados del ejercito (sic), está el verdadero sentimiento de la justicia; de una justicia humana. Cambiarían ustedes de opinión, si conocieran las luchas que sostienes esos oficiales jóvenes, para hacer que prendan en el mando esos ideales.
En la cadena jerarquica (sic) del ejercito (sic), el punto de ruptura se halla perfectamente señalado y bien lo conocia (sic) aquel oficial asesinado por la monarquia (sic). Pero en fin, el asunto es para hablar mucho y ya es escesiva (sic) la longitud de esta carta.
Yo les agradeceria (sic) – por oficial y pensar en socialista– al escribir de las clase, pongan siempre “sabemos que son legión los oficiales que comparten nuestras ideas; que son muchos los que en el silencio aspiran a una mejor ordenación del Estado y del ejercito etc. (sic)”. Este es el sentido para hacer bien patente el hecho de que si en el ejercito (sic) quedan oficiales monarquicos (sic), señoritos; abundan tambien (sic) los ampliamente demócratas, los ciclistas, que son precisamente lo mejor, lo mas (sic) sano y lo mas (sic) culto de la colectividad.
Aqui (sic) por ejemplo y como aqui (sic) en muchos regimientos – al menos de infantería– entre 24 jefes y Oficiales que constituyen la Plana Mayor y 2º Batallon (sic) del 36, leen: ocho El Socialista, Cinco (sic) el Heraldo, tres o cuatro otra prensa como Libertad, Informaciones, etc y solamente cuatro ABC; con la particularidad de que los que leemos El Socialista, no tenemos cambio en la orientación, mientras que los demas (sic) cambian frecuentemente de prensa y de idea. Esto les permitirá apreciar como piensan los oficiales. Tengan en cuenta que la guarnición de Madrid domo (sic) la de Sevilla, San Sebastián y Santander, con alguna otra, por estar integrada por aristócratas o favorecidos, siempre se distinguió por un monarquismo creado por lo que nosotros llamamos “paniaguancia” (sic) de aquella camarillas formada en derredor de los Berenguer, Cavalcanti, Saro, Sanjurjo, etc.
Por último y aprovechando esta ocasión, me permito decirle que yo escribiria (sic) en “El Socialista” – con seudónimo, por supuesto o sin firma sobre asuntos de indole (sic) castrense y desde un punto de vista determinadamente socialista, si a ustedes les interesase y siempre, claro que el articulo (sic), examinado por la redacción, mereciese ser insertado. Que ello, aumentase el número de lectores en los cuarteles. Piensenlo (sic) y me permito rogarles contestación con su juicio sobre cuanto dejo escrito.
Perdoneme (sic) esta enorme lata. Confiado en su discreccion (sic) le saluda con afecto su amigo –permitame (sic) serlo,
Firmado Juan Rodríguez Lozano. León, 14 de febrero de 1934.
Dirección. Juan Rodríguez Lozano. Capitan (sic) Ayudante del Regimiento de Infantería nº. 36. León
En la edición digital del diario ABC del 11 de marzo de 2019 se ofrece la versión de los hechos que circulaba en agosto de 1936 en los diarios madrileños.
«Ha sido hecho prisionero el capitán don Juan Rodríguez Lozano, que fue procesado por el movimiento de octubre de 1934, aunque se desconoce la suerte de este jefe que era adicto al Gobierno republicano», informaba ABC el 23 de agosto de 1936, un mes después de comenzar la Guerra Civil. Los diarios «El Sol» y «La Libertad» también se hacían eco de esa misma noticia, en una pequeña reseña en la que se informaba de los primeros momentos del levantamiento militar franquista en León. «El capitán Rodríguez Lozano, procesado con ocasión del movimiento de octubre de 1934, no quiso secundar la sublevación y fue hecho prisionero. Se desconoce la suerte que ha corrido», podía leerse en el último párrafo.
Este capitán republicano había sido fusilado cinco días antes en Puente Castro (León) y era nada menos que el abuelo paterno del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. La figura que, según dicen, más influyó y moldeó la personalidad política del líder de los socialistas españoles entre 2000 y 2012, a pesar de que nunca llegara a conocerle. Él mismo manifestó en público su orgullo por el capitán Lozano en muchas ocasiones, tanto en mítines como incluyendo reseñas de su figura en su propia biografía.
«Merece la pena lo que ustedes han hecho – declaraba el presidente del Gobierno durante un viaje a Túnez, en 2011, tras triunfar la Primavera Árabe–. Mi padre no pudo disfrutar de las libertades y mi abuelo fue fusilado». En 2007, el Ayuntamiento de Toledo regalaba al entonces presidente una orla y una foto de su abuelo del año 1913, fecha en que ingresó en la Academia de Infantería de Toledo para irse seis años después al norte de África.
La Libertad, 23 de agosto de 1936
Los primeros momentos del movimiento sedicioso en León
En Madrid se han recibido noticias que dan cuenta de los primeros momentos de la sublevación en la capital de León. Según parece, el movimiento se inició por un sargento de Asalto, apellidado Saurina, al propio tiempo que lo hacían los jefes del regimiento número 36.
Frente al movimiento subversivo se pusieron desde el primer instante el teniente D. Emilio Fernández, de Asalto, y el capitán del regimiento citado D. Eduardo Rodríguez Calleja. Ambos en el primer momento fueron apresados por los rebeldes; pero más tarde lograron escapar y a fuerza de penalidades consiguieron llegar hasta Asturias, donde en la actualidad se baten valientemente y con gran entusiasmo en defensa de las libertades del pueblo en la columna que manda nuestro compañero Javier Bueno.
El capitán D. Juan Rodríguez Lozano, que fue procesado con ocasión del movimiento de Octubre, tampoco quiso secundar la subversión y fue asimismo hecho prisionero; pero se desconoce la suerte que haya corrido.
En El Diario de Ávila del 10 de noviembre de 2002 aparece una reseña de una entrevista en un medio de Valladolid.
Jesús Fonseca entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero en su programa semanal ‘Encuentros’ que emite Canal 4. Esta es la primera entrevista a una televisión de la región.
ICAL / VALLADOLID
EÍ artífice del cambio sin traumas en la dirección del Partido Socialistas, José Luis Rodríguez Zapatero, es el invitado de esta semana al programa ‘Encuentros’ de Canal 4, que dirige y presenta el periodista Jesús Fonseca y que se emite a partir de este domingo en todas las cadenas de la emisora en diferentes horarios. Es la primera entrevista en profundidad que concede a una televisión de la Comunidad después de que fuera aclamado como secretario general del Partido Socialista y candidato a la presidencia del Gobierno por miles de militantes en la plaza de toros de Vistalegre, en Madrid, el pasado 27 de octubre.
Leonés, profesor de derecho, nieto de un personaje aún recordado en León, Juan Rodríguez Lozano, el capitán Lozano, miembro del ejército republicano que fue fusilado en 1936, Rodríguez Zapatero cuenta que su primer recuerdo de militancia política fue un mitin al que asistió cuando tenía 16 años, meses después de la muerte de Franco. Allí pudo escuchar a Felipe González. Cuando cumplió 18 años se afilió al PSOE y en 1986 fue elegido diputado por León y dos años más tarde secretario general del partido en León.
Desde su llegada a la Secretaría General del PSOE, ha impuesto una forma de actuar pausada, alejada de cualquier crispación, y trata de «hacer oposición de la forma más civilizada posible», según sus propias palabras. Se muestra como un político templado y dialogante que, consciente de los errores del pasado, afirma que no permitirá «que haya ni un solo aprovechado en las filas de su partido».
Durante el programa, Zapatero muestra su lado humano y habla de sus aficiones, de sus gustos, de sus lecturas y de su familia. Está casado con Sonsoles Espinosa, de la que no oculta que está enamorado, y tiene dos hijos. La familia para él es «importantísima» y la pareja «un elemento fundamental para afrontar los retos en la vida».
También habla de sus proyectos y de sus prioridades, como la lucha antiterrorista, para lo que quiere desarrollar la capacidad de diálogo con todas las fuerzas políticas.
El siguiente artículo se publicó en La Crónica de León, que en esos momentos estaba asociada al diario El Mundo, después de las elecciones del 14 de marzo de 2004, en las que el PSOE obtuvo el 42,59 % de los votos, aupando a José Luis Rodríguez Zapatero a la presidencia del Gobierno.
14-M / EL TESTAMENTO DEL ABUELO PATRIOTA
La semilla de Zapatero
PARA COMPRENDER la esencia ideológica del futuro presidente hay que leer el testamento de su abuelo, fusilado en el 36. El antropólogo Jáuregui lo analiza
«5º - (...) Su fe en el Ser Supremo es firme. A Él encomienda su alma de creyente que procuró siempre tener limpia de faltas, y a Él también encomienda la felicidad de su esposa e hijos. A Él, en este momento de abominables pasiones, pide la paz de España y de la Humanidad. Muere inocente y perdona. Pide a su esposa e hijos que perdonen también. 6º - Que cuando sea oportuno se vindique su nombre y se proclame que no fue traidor a su Patria y que su credo consistió siempre en su ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes».
DEL TESTAMENTO DE JUAN RODRIGUEZ LOZANO, ABUELO DE JOSÉ LUIS RODRIGUEZ ZAPATERO
Mi padre sacó de un cajón el testamento de mi abuelo y nos leyó a mi hermano y a mí. Nos quedamos los dos conmovidos al escucharlo. Fue entonces cuando decidí entrar en la vida política». Esta confesión me la hizo José Luis Rodríguez Zapatero en su despacho de la sede del PSOE en la calle Ferraz. Recordé en aquel momento lo que me dijo Sir Edward Evans-Pritchard, el célebre antropólogo y maestro mío querido en su casa de Oxford: «Los nuer (un pueblo africano) no se preocupan tanto en conocer a la novia (o al novio); quieren saber sobre todo quiénes son sus abuelos».
«Oye José Antonio, ¿por qué no te das una vuelta por León con Dorita?», me preguntó María Rodríguez, una gentildama más lista qu'el aire y una gran artista en el arte y artesanía de los reposteros. María Rodríguez de León es una vieja amiga. «Mira, es que quiero presentarte a un vecino y amigo mío, Juan Rodríguez García-Lozano». Era el año de gracia de 2002. Cenamos en esa ciudad de Alicia en el País de las Maravillas, uno de los antídotos de los nacionalistas que exhiben la bandera de su no-españolidad, una cecina y unas delicatessen ibéricas (los productos ibéricos desempeñan un papel vertebrador fundamental), y así conocí a Juan Rodríguez García-Lozano.
Dijo Schopenhauer que cuanto más estaba con los hombres más apreciaba la compañía de su perro. Lástima que no conociera a Juan. Lo que cuenta en una persona no es tanto lo que dice, aun tratándose de un Cicerón o un Emilio Castelar, sino eso que llamamos personalidad. Juan Rodríguez García-Lozano te da buen rollo, como dicen hoy nuestros jóvenes. Se puede mentir con las palabras («el hombre tiene el don de la palabra para disfrazar sus pensamientos», afirmó el cínico Voltaire), pero es más difícil mentir con las miradas, con los gestos, con la sonrisa, con las carcajadas, los lenguajes elementales de la identidad humana.
Resultó ser el padre de José Luis Rodríguez Zapatero. «Estaba mi mujer muriendo. Sonó el teléfono. "Mamá, estás hablando con el nuevo Secretario General del PSOE. Eres, mamá, la primera en saberlo". Al día siguiente murió.» Juan me habló con admiración, con devoción y con intensa emoción de su padre, el capitán Juan Rodríguez Lozano. A los pocos días de este primer encuentro recibí una copia del testamento. Me llegó al alma y lo leí a mis cinco hijos. Me ha inspirado el último capítulo titulado Españoles sin fronteras de mi próximo libro España Vertebrada.
ENTERRADO SIN POMPA
¿Qué dice, pues, este testamento de tanto interés para todos nosotros? «Desea ser enterrado civilmente, sin pompa alguna, entregando su cadáver a su esposa, y cuando su esposa lo crea oportuno, si alguna vez lo cree, sean trasladados los restos al cementerio de Pola de Gordón, donde reposan los restos de sus seres más queridos, como sería el deseo que, al morir su esposa, la enterrasen junto a él. Para tranquilidad de su esposa y familia, declara creer en la existencia de Dios, rechazando su conciencia, en cambio, los ritos humanos. Su fe en el Ser Supremo es firme. A él encomienda su alma de creyente que procuró siempre tener limpia de faltas y a él encomienda la felicidad de su esposa e hijos. A él en este momento de abominables pasiones pide la paz de España y de la Humanidad. Muere inocente y perdona. Pide a su esposa e hijos que perdonen también. Que cuando sea oportuno se vindique su nombre y se proclame que no fue traidor a su Patria y que su credo consistió siempre en su ansia infinita de paz, el amor al bien y el mejoramiento social de los humildes».
Le han dado el Premio Príncipe de Asturias -digo a José Luis en esa conversación citada en su despacho a Habermas por haber descubierto el patriotismo constitucional. En realidad tu abuelo ya fue un patriota constitucional. El patriota constitucional es el que, como tu abuelo, ante cualquier Tejero, ante cualquier Franco, prefiere dar su vida antes que sumarse a los que la agreden y la atacan. Pero ya antes que Habermas, Argüelles, al mostrar la Constitución en Cádiz, kilómetro cero de la Constitución, en 1812 dijo: "Españoles, ya tenéis Patria". ¿Conocías esta definición de Argüelles?
Sí, sí, la conozco. Es estupenda. La cito muchas veces.
Se ha dicho que el patriotismo es el último refugio de los canallas. Es verdad que en ocasiones canallas y criminales manipulan al pueblo con un patriotismo falso para saquear los bienes de otro pueblo. Es verdad que en nombre del patriotismo los Reyes Católicos ( «católico»=universales) expulsaron a más de 100.000 judíos dándoles dos meses de plazo y sin permitirles sacar de España moneda amonedada. Es verdad que Hitler en nombre del patriotismo intentó purificar la raza aria con el horrible holocausto judío. Es verdad que en nombre del patriotismo Tejero entró en el Templo de la Democracia a tiro limpio. Es verdad que en nombre del patriotismo se fusiló a seres tan angelicales como el capitán Rodríguez Lozano.
PATRIOTISMO VERDADERO
Pero Salvador de Madariaga, con quien tuve el honor y el placer de pasearme y de compartir mesa y sobremesa en Oxford en los últimos años de su vida, me enseñó a distinguir el patriotismo verdadero del falso y perverso que nos lleva a los «suspiros de España» de Antonio Machado («españolito que vienes al mundo, te libre Dios, una de las dos Españas ha de helarte el corazón»), al Epitafio para España de Larra ( «aquí yace media España; murió de la otra media») y a las últimas palabras de Narváez («¿Perdona, General, de todo corazón a sus enemigos?», le pregunta el confesor en su lecho de muerte. «No tengo ninguno padre; los he fusilado a todos»).
El patriotismo falso y perverso forma parte de las identités meurtrières, las identidades asesinas en certera expresión de Amin Maalouf. Los Madariaga y los Rodríguez Lozano nos han mostrado y demostrado que hay un patriotismo verdadero, el que respeta los derechos humanos, el que lleva a Madariaga a «beber la hiel del destierro» (frase suya) durante 40 años y al capitán Rodríguez Lozano a dar su vida.
Todos esperamos que Zapatero siga mirándose en el espejo ético y estético de su abuelo que pide «paz para España y para la Humanidad». Quizás no sea puro azar que José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy sean amigos que se respetan y se quieren desde que convivieron en León. El espíritu del 78 fue ejemplar. Todos esperamos que haya un buen entendimiento entre las dos Españas, entre Gobierno y oposición, entre nacionales y nacionalistas. «No voy a pedir perdón por ser español y por sentirme español», he oído a Bono, futuro ministro de Defensa. «El otro día», le oí en RNE, «un cantante dijo que iba a cantar en el Estado Español. Me imagino que cantará en los Ministerios».
Nos conviene en esta era y en esta hora del euro contribuir a que la Unión Europea se consolide y a que se convierta en un partner, un aliado, un igual, ante EEUU. Nos conviene ante la escena internacional que juguemos como un equipo unido (Gobierno y oposición en armonía). Nos conviene dialogar con los nacionalistas sin infringir las reglas constitucionales del juego, pero sin insultarnos a todas horas. ¡Ojalá estos dos viejos amigos de León creen un clima de armonía y no volvamos a las andadas («ya se acabó el alboroto y vamos al tiroteo», Lorca suspiravit!.
El hijo de Juan Rodríguez Lozano, Juan Rodríguez García Lozano, en enero de 1972 estaba en el primer lugar de la lista de admitidos en el concurso-oposición para letrado asesor del ayuntamiento de León. En los años 80 ejercía como letrado asesor del ayuntamiento de León, por lo que formó parte de los tribunales de oposiciones para proveer distintas plazas de funcionarios del mismo.
En abril de 1977 era decano del Ilustre Colegio de Abogados de León. Durante años formó parte de la Junta Electoral Provincial de León: en septiembre de 1982; en marzo de 1983, cuando todavía era decano del Ilustre Colegio de Abogados de León; y en 1987, para las elecciones del 10 de junio de ese año.
Los otros abuelos
José Luis Rodríguez Zapatero tuvo, como todo el mundo, dos abuelos. Su abuelo paterno, Juan Rodríguez Lozano, murió veinticuatro años antes de que él llegara a este mundo, pero su recuerdo fue, en cierta medida, el faro que le iluminó políticamente en su etapa de presidente del Gobierno.
Quizás por ello aprovechó el ambiente favorable entre la España sociológicamente progresista para alumbrar una ley que transformara la figura del padre de su padre —de una más entre tantas figuras grises de la historia reciente— en un héroe de la libertad y la democracia, y a él mismo en el nieto de un héroe de la democracia y la libertad.
El abuelo materno, Faustino Zapatero Ballesteros, nació en Valladolid. Su padre, el bisabuelo del presidente, Agapito Zapatero, era natural de un pueblo de La Rioja, pero se trasladó al pueblo vallisoletano de Palazuelo de Vedija, en donde fundó en 1850 un rotativo local.
Faustino fue médico pediatra y profesor en la Facultad de Medicina de Valladolid. Uno de sus primeros destinos fue en el pueblo burgalés de Poza de la Sal, en donde se casó en julio de 1923 con Natividad Valero Asensio, nacida en Zamora en 1902 y que en ese momento tenía 19 años. En Tordehumos nacieron sus hijas Elisa, Natividad y Purificación Zapatero Valero. En 1926 aun trabajaba en Tordehumos y era el propietario de un automóvil Citroën de matrícula VA-1702.
El periódico Libertad del 17 de enero de 1939 daba cuenta de unas obras de repoblación forestal a realizar en Valladolid y para las que se solicitaba la presencia, al día siguiente, de una serie de camaradas, entre los que estaban Faustino Zapatero Ballesteros y su hermano Miguel. Esto, sin duda, prueba que los dos estuvieron afiliados a Falange, aunque probablemente no participaron en lucha alguna.
En 1945 la editorial Salvat publicó en Barcelona el libro Manual de la enfermera puericultora sanitaria escolar, escrito por Faustino Zapatero Ballesteros y Fernando Cirajas Labajo. En ese momento, Faustino Zapatero era médico puericultor del Estado, profesor de la Escuela Provincial de Puericultura, médico puericultor por oposición de la Institución Municipal de Puericultura y académico corresponsal de la Real Academia de Medicina de Valladolid.
En 1960 fue nombrado vicepresidente de la Sociedad Castellano-Astur-Leonesa de Pediatría, cargo que ejerció durante diez años. El 4 de agosto de 1960 asistió a su hija Purificación en el nacimiento de su nieto, José Luis Rodríguez Zapatero. Falleció el 23 de mayo de 1979.
Gregorio Díaz, abuelo de la esposa de José Luis Rodríguez Zapatero, Sonsoles Espinosa, también pasó la guerra civil en las filas nacionales. Era guardia civil en el momento de la sublevación militar del 18 de julio de 1936, y como en la mayoría de los casos —más aún en una pequeña ciudad como Ávila—, se sumó a las fuerzas golpistas bajo el mando del teniente coronel Romualdo Almoquera Martín. Gregorio falleció a causa del disparo accidental de un compañero de cuartel mientras limpiaban sus armas.
¿Perdedores o vencidos?
El resto de la Ley de Memoria HistóricaDifícilmente la familia de José Luis Rodríguez Zapatero podría encuadrarse entre los perdedores de la Guerra Civil y la posterior dictadura. Su padre, el hijo del militar fusilado, ejerció la abogacía en la misma ciudad en que murió Juan Rodríguez Lozano, fue antes de la muerte del dictador decano del Colegio de Abogados, letrado del ayuntamiento de León, y ya en democracia, miembro de la Junta Electoral durante muchos años. Su abuelo paterno ejerció la medicina, publicó libros, dio multitud de conferencias y ocupó diversos cargos en la administración sanitaria vallisoletana. Todo este bagaje familiar y su personal éxito político le permitió a José Luis reescribir la historia de su abuelo.
Todo ello no puede hacer que deje de ser cierto que a su abuelo paterno le fusilaron por traición, por no haberse sumado al golpe militar. Sorprende de todas formas que un militar de carrera con experiencia en la Guerra de Marruecos no fuese capaz de evaluar la relación de fuerzas entre los realmente sublevados y los fieles a la legalidad republicana, ni de entender que con tan pocas fuerzas leales no podían resistir en un espacio tan pequeño como el que ocupaba el Gobierno Civil. Juan Rodríguez Lozano cometió un error, estaba en donde no debía, en el momento equivocado y lo pagó con la vida.
Entre sus 22 artículos, entre el 11 y el 14 se desarrolla la ayuda que habrá de prestar la Administración a los descendientes directos de las víctimas que así lo soliciten para realizar las actividades de indagación, localización e identificación de las personas desaparecidas y ello parece de justicia. Desde 1936 hasta hoy en día fue habiendo exhumaciones, en un primer momento con mucha discreción, y en los años 70 y 80 sin publicidad, pero sin temor.
Entre los artículos 4 y 10 se establecen las recompensas económicas a percibir por las víctimas, y en el caso de que hubieren muerto, el cónyuge o persona ligada por análoga relación de afectividad, sus ascendientes, sus descendientes y sus colaterales hasta el segundo grado. Dado que las víctimas del bando ganador habían tenido en su día sus indemnizaciones y pensiones y que en los años 80 los militares profesionales de las fuerzas e institutos armados de la República también tuvieron la opción de obtener una pensión, también parece justo que se debatiera la posibilidad de establecer estas nuevas compensaciones económicas.
El artículo tercero se encarga de declarar ilegítimos:
1. Se declara la ilegitimidad de los tribunales, jurados y cualesquiera otros órganos penales o administrativos que, durante la Guerra Civil, se hubieran constituido para imponer, por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa, condenas o sanciones de carácter personal, así como la de sus resoluciones.
2. Por ser contrarios a Derecho y vulnerar las más elementales exigencias del derecho a un juicio justo, se declara en todo caso la ilegitimidad del Tribunal de Represión de la Masonería y el Comunismo, el Tribunal de Orden Público, así como los Tribunales de Responsabilidades Políticas y Consejos de Guerra constituidos por motivos políticos, ideológicos o de creencia religiosa de acuerdo con lo dispuesto en el artículo 2 de la presente Ley.3. Igualmente, se declaran ilegítimas, por vicios de forma y fondo, las condenas y sanciones dictadas por motivos políticos, ideológicos o de creencia por cualesquiera tribunales u órganos penales o administrativos durante la Dictadura contra quienes defendieron la legalidad institucional anterior, pretendieron el restablecimiento de un régimen democrático en España o intentaron vivir conforme a opciones amparadas por derechos y libertades hoy reconocidos por la Constitución.
A lo largo del proceso de la Transición y en los años posteriores, las Cortes Generales se encargaron de renovar la legislación heredada de la dictadura para adaptarla a los principios democráticos, a la evolución de la sociedad y, posteriormente, al ordenamiento jurídico de la Unión Europea. Tal tarea es necesaria en cualquier régimen parlamentario liberal, y más aún si se constituye sobre los restos de un Estado autocrático.
Sin embargo, declarar hoy ilegítimos los tribunales que actuaron en épocas pasadas —y con ello, todas las sentencias que dictaron— no solo carece de fundamento jurídico, sino que resulta profundamente ingenuo. Porque esa declaración no anula los efectos que aquellas resoluciones tuvieron en su momento, ni alivia el dolor que causaron, ni —ni siquiera en un hipotético viaje al pasado— devolvería la vida a quienes fueron ejecutados en cumplimiento de tales sentencias.
Puede que a algunos familiares de víctimas les resulte simbólicamente satisfactorio —y lejos está de mi intención ofenderlos—, pero este tipo de revisionismos simbólicos, desligados de toda posibilidad real de justicia, no creo contribuya a la salud moral ni a la estabilidad emocional de una sociedad que intente mirar hacia adelante sin renunciar a la memoria de los hechos pasados.
El artículo 15 se encarga de la retirada de escudos, insignias, placas y otros objetos que recuerden a la dictadura. Pues bien, entre ensalzar a un régimen dictatorial o hacer apología de las autocracias, cosa que con la ley de 2022 en la mano puede llegar a ser delito, y barrer bajo la alfombra todo lo que pudiera recordarnos que en España se vivió bajo el régimen del Movimiento Nacional, que forma parte del pasado de todos nosotros, como si nunca hubiese existido, posiblemente pudiera haber un término medio. Si la Memoria Histórica necesita amnesia, podrá ser memoria, pero no historia. Por otra parte me pareció en su momento sospechoso el extremo interés en retirar las placas de las promociones del Ministerio de la Vivienda, para no tener que recordar que durante la dictadura se construyó mucha Vivienda de Protección Oficial. Y por supuesto eso no contradice que se hizo durante una dictadura, con lo que ello supuso en cuanto a la falta de libertad.
Lo que no está en la ley
Por otra parte, además de lo escrito en el articulado de la ley, que ya es bastante, el espíritu de la misma viene motivado en parte por un afán de revisionismo histórico que en el límite de sus aspiraciones vendría a ser algo así como conseguir ganar la guerra, o perderla, pero sin que ello hubiese comportado consecuencias negativas para nadie, cómo en los juegos infantiles: si cierro los ojos ya no estoy.
Y una vez no perdida la guerra volvamos sobre la Segunda República y hagamos de ella un edén un paraíso en la Tierra que todos los republicanos adscritos como tales, pues en realidad todos eran fruto de esa república, incluso los que se rebelaron contra el gobierno del Frente Popular, pues bien esos republicanos partidarios de la República, hagamos que sean ángeles cantores en los cielos progresistas.
Desde el punto de vista de los admiradores de la ley se argumenta frecuentemente que las víctimas de derechas ya se vieron compensadas durante los primeros años de la dictadura, y eso es cierto. Pero no aciertan a comprender que los descendientes de unas víctimas y de otras son ciudadanos de esta sociedad actual y tienen tanto derecho a que se reconozcan como víctimas a los suyos, como a los otros, a excepción del hecho de que sus cadáveres ya hayan sido recuperados y recompensados económicamente.
Asesinatos políticos y venganzas personales
Iniciado el golpe de estado y después de un breve tiempo de indecisión, a la espera de acontecimientos, los elementos más politizados de la sociedad se alistaron en uno u otro bando, con la sana intención de aniquilar al contrario. Además de los miembros del ejército y los cuerpos de seguridad que se decantaron en uno u otro sentido, aunque mucho mayoritariamente hacia el lado de los golpistas, los partidos políticos desplegaron las milicias, que habían estado preparando durante años. En la retaguardia los elementos incontrolados de estas milicias actuaron con entusiasmo para descubrir, detener y eliminar físicamente a militantes significados de organizaciones del bando contrario, ante la mirada impotente y a veces cómplice de unas autoridades incapaces de controlar la situación.El golpe de estado fracasó en un primer momento en Madrid y Barcelona, la franja cantábrica, salvo Galicia, y en toda la zona levantina. A partir de aquí el mapa fue cambiando de forma que cada vez más regiones españolas pasaban al control de los nacionales. De esta forma la represión fue pasando en muchas zonas de un color a otro.
Aparte de los trabajos realizados por historiadores, vamos a decir profesionales, el estudio de los crímenes cometidos por el bando nacional ha motivado más a aquellos que se sitúan en una zona ideológica, anarquista, comunista, socialista o nacionalista periférica, todos ellos perdedores en la contienda, y el estudio de los excesos cometidos en la retaguardia republicana a los que se sitúan en posiciones liberal-conservadoras y religiosas.
En Barcelona llegó a haber 47 checas, prisiones irregulares regentadas por milicianos cenetistas y del POUM principalmente. Se conoce con bastante detalle como estaba construida la checa de la calle Vallmajor, diseñada por Alfonso Laurencic.
Entre septiembre de 1936 y abril de 1937, unas 1.500 personas fueron ejecutadas extrajudicialmente, muchas de éstas en los cementerios de Montcada i Reixac, que disponía de un crematorio, de los cementerios de Cerdanyola, Les Corts y la carretera de la Rabassada. En Terrassa las milicias de CNT, ERC y POUM asesinaron a 223 personas, principalmente empresarios, carlistas y católicos.
En Madrid hubo 345 checas responsables de la muerte de 1.823 personas. Las ejecuciones extrajudiciales de Paracuellos se realizaron aprovechando los traslados de presos de diversas cárceles madrileñas, entre el 7 de noviembre y el 4 de diciembre de 1936 y acabaron con unas 2.500 personas.
En la zona de Caspe, entre junio y septiembre de 1936, actuó la Brigada de la Mort dirigida por Pasqual Fresquet Llopis, asesinando a 247 personas.
El resultado de la represión en la retaguardia de la zona sublevada fue la eliminación física de unas ciento treinta mil personas, ejecutadas extrajudicialmente en paseos y sacas, predominantemente en los primeros meses de la guerra ―los cadáveres aparecían al amanecer en las cunetas, en los descampados o junto a las tapias de los cementerios―, o juzgadas en consejos de guerra sumarísimos sin garantía procesal.
Tras la toma de la ciudad de Badajoz por las tropas nacionales, entre la noche del 14 de agosto de 1936 y la mañana del día siguiente los soldados al mando del coronel Juan Yagüe fusilaron a un número que se estima entre 1.800 y 4.000 personas.
Ejemplos hay de comportamientos bárbaros en las zonas controladas por uno y otro bando, sirven los anteriores, pero se puede elegir entre muchos más. Se sabe que fue mucho mayor, en número de víctimas, la represión de las fuerzas nacionales que la producida por las fuerzas republicanas, pero a mi no me parece razón suficiente, en mi perspectiva de 2026, para asignar el carácter de buenos a los que menos mataron y de malos a los que lo hicieron en mayor cantidad.
Tampoco me parece en este sentido un hecho diferencial el haber perdido la guerra. Si esto te hiciera bueno, los ciudadanos del III Reich serían mejores que los de los países aliados al concluir la Segunda Guerra Mundial.
La tercera razón que podría convertir a unos en buenos y a otros en malos sería el hecho de que unos defendían la legalidad del Gobierno de la República y los otros dieron un golpe de estado, y aunque ello es cierto, a la vez sería un acto de auténtica desmemoria ignorar que el PSOE que participaba en el Frente Popular que ganó las elecciones de 1936, era el mismo que impulsó una revolución para saltarse esa legalidad dos años antes.
Ley de Memoria Democrática
El Congreso aprobó la Ley de Memoria Democrática el 14 de julio de 2022 el 14 de julio, con 173 votos a favor del PSOE, Unidas Podemos y EH Bildu, 159 en contra, del PP, Vox, Ciudadanos, CUP y JxCat, y 14 abstenciones de ERC y el BNG. El 10 de octubre se aprobó la ley en el Senado con 128 votos a favor, 113 en contra del PP, Vox, Ciudadanos y UPN y 18 abstenciones. En el Congreso fue aprobada por un porcentaje del 50 % sobre el total de votos emitidos. Tuvo, por tanto, menos aceptación que la anterior ley de 2007, quizás por los efectos de la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones de españoles en torno a los principios, valores y libertades constitucionales que logró aquella ley promovida por José Luis Rodríguez Zapatero.
Como botón de muestra de la ley dejo el segundo apartado del preámbulo que dice así:
Esta ley de Memoria Democrática toma como referencia las luchas individuales y colectivas de los hombres y las mujeres de España por la conquista de los derechos, las libertades y la democracia. España atesora una larga tradición liberal y democrática que surge con las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. A lo largo de todo el siglo XIX y gran parte del XX, multitud de españoles y españolas lucharon y dieron su vida por la implantación de un sistema democrático en nuestro país, en los mismos términos que se estaba construyendo en el resto de países de nuestro entorno. Constituciones como la de 1812, 1869, 1931 y 1978 han sido hitos de nuestra historia democrática y han abierto momentos esperanzadores para el conjunto de nuestra sociedad.
Hasta la Constitución de 1978, esos periodos democráticos eran abruptamente interrumpidos por quienes pretendieron alejar a nuestro país de procesos más inclusivos, tolerantes, de igualdad, justicia social y solidaridad. El último de ellos, protagonizado por la Segunda República Española y sus avanzadas reformas políticas y sociales, fue interrumpido por un golpe de Estado y una cruenta guerra que contó con el apoyo de unidades regulares de las Fuerzas Armadas de Italia y Alemania y sus respectivos Gobiernos, que intervinieron en territorio español y que fue identificada por la República Española ante la Sociedad de Naciones como Guerra de España. Un conflicto, en definitiva, que trasciende de una contienda civil por la participación de potencias extranjeras como Italia, Alemania o la Unión Soviética y la política de no intervención de las principales potencias occidentales. De esta manera, la Guerra de España sería prólogo de las agresiones a otros Estados que posteriormente serían juzgadas y condenadas por el Tribunal de Núremberg, conforme a la Resolución 95 de 11 de diciembre de 1946, de la Asamblea General de las Naciones Unidas, y que ha pasado a formar parte del moderno Derecho Internacional de los Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.
En el análisis histórico de la participación de otros países en la Guerra Civil, que se hace en el segundo párrafo, no se aclara en forma alguna cual fue el papel de la Unión Soviética. No se explicita que su participación fue a petición del Gobierno de la Segunda República, aunque sea de todos conocido. Tampoco aclara que no todas las agresiones a otros Estados no fueron juzgadas por el Tribunal de Núremberg, ni se circunscribieron a Italia y Alemania, pero claro al igual que los relatos de la historia, los tribunales que juzgan los crímenes de guerra los organizan los vencedores. Y no es que yo pretende encontrar razones de justicia o injusticia en todo ello, ni juzgar en modo alguno la historia, sin más digo que se trata de un análisis histórico muy sesgado.
Por acabar, ¿Cuál sería la razón para que el Reino Unido, más aun que Francia, se adhiriera a esa política de no intervención, permitiendo el establecimiento de una dictadura de corte filo fascista, en contra de una democracia de corte liberal? Mi respuesta: temía mucho más a algo perecido, aunque fuese remotamente, a una dictadura del proletariado bolchevique en el Mediterráneo occidental, cosa que estaba en el ideal de futuro de algunas fuerzas políticas muy influyentes en los gobiernos del Frente Popular.




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