miércoles, 8 de abril de 2020

El espejo gótico


La Melancolía no es necesariamente poética; sin embargo, el Romanticismo la reclamó como un ingrediente imprescindible para el hecho poético, esencialmente debido a que este movimiento supuso que el arte, o mejor dicho, toda intención artística, procede de un estado de tristeza.

María Comín Oliveres


María Comín es hija de Alfonso Carlos Comín Ros y de María Lluïsa Oliveres.  Nació en Málaga en 1963. Entre 1980 y 1985 se licenció en historia en la Universidad de Barcelona (Historia Contemporánea, Historia de América, Antropología).

Entre enero y septiembre de 1988 fue corresponsal en Nicaragua para TV2 (En marzo se consiguió el acuerdo de Sapoá entre el gobierno sandinista y la contra). En junio del mismo año participó desde Nicaragua en el programa de RTVE "Equinoccio". De enero a octubre de 1988 es investigadora y responsable de CRIES (Coordinadora Regional de Investigaciones Económicas y Sociales en Nicaragua). Entre 1988 y 1990 es corresponsal en Nicaragua del "Diari de Barcelona". Entre 1992 y 1995 trabaja en la Federación de Asociaciones de Vecinos de Barcelona (FAVB), coincidiendo con la época en la que Jordi Gasull Batlle dirigió la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Cataluña (CONFAVC). En esta etapa coordinó la elaboración del periódico vecinal "La veu del carrer" de la FAVB.

Entre el 1992 y el 2000 trabajó en ACNUR en la investigación sobre experiencias sociales y económicas de refugio, retorno y reconciliación. Entre el 1991 y el 2000 ejerció de Coordinadora de un proyecto de Cooperación internacional en educación universitaria en América Central y Caribe. Este trabajo lo realizó desde la ONG "La ceiba i l'alosa, un racó de trobada".

María Comín se ha mostrado contraria a las tesis de su hermano Antoni Comín.

Jordi Gasull participó en la Asamblea de Cataluña, desde las filas del PSUC. Fue miembro de la Fundación Pere Ardiaca. Ya entrado el siglo XXI trabajo en un proyecto de periódicos vecinales, "L'independent", que se publicó en diversos barrios de Barcelona y pueblos del cinturón.

lunes, 6 de abril de 2020

Anhelo un futuro de 24 horas

Anhelo un futuro de 24 horas, 8 para dormir, media para soñar y al final un instante para volver a desear un futuro de 24 horas, y así sucesivamente… “Who day passes year pushes”, o tal cual se dice en Cataluña “Qui dia passa any empeny”.

El ruido interior me despierta y vence al sueño, impulsado por el dolor de espalda, los miedos y algún remordimiento, por lo que se pudo hacer y no se hizo y por lo que se hizo y ninguna falta hacía.
Desayuno, ejercicio, algo de trabajo y la realidad cotidiana: ¿Mascarilla si, o no? ¿Se llegó a tiempo con las medidas de confinamiento, o se hizo tarde? ¿Aquí lo hemos hecho mejor o peor que en China, Italia, Francia o Alemania? ¿Cuánto durará esto?

Necesitamos certezas que nos rebajen la angustia que nos produce la incertidumbre del futuro cercano. Cada cual adopta unas u otras verdades incuestionables, en función de su escala de valores adquirida con anterioridad, no importa cuál sea esta.  Sin duda hay unas certezas y verdades más populares que otras, pero todas ellas son válidas, pues apelan a lo más íntimo y cercano a cada cual.

Estas certezas suelen ser entes cercanos a otras certezas de nuestro bagaje intelectual: Puede ser que a todos nos espere una vida después de la muerte, que algún ser superior y extracorpóreo observe, dirija, premie o castigue nuestros actos, que todos los parias de la Tierra derroten unidos a los opresores, que el capitalismo haya entrado en la crisis definitiva que le llevará a su destrucción, que mientras los ricos se enriquezcan más, los pobres hayan de malvivir en peores condiciones, que Donald Trump sea un depravado egoísta que dejará morir a millones de sus conciudadanos, que después de la noche vendrá un nuevo día, que el hecho de que la población mundial no haya dejado de crecer se deba a la capacidad de adaptación de los humanos a todo tipo de circunstancias…

De cómo se crean, crecen, se expanden y mutan estas certezas y verdades son testigos activos los mecanismos que nos permiten interactuar entre nosotros, los personales y los colectivos.

¿Has visto?... Así comienza una comunicación que comparte algo entre dos personas que tienen ya una buena biblioteca de verdades de fe, compartidas en todo, o en parte, o en nada. Alguien ha encontrado un indicio significativo para él, que puede ser beligerante con sus verdades propias, o más frecuentemente apoyo de las mismas. Y, una vez valorado a la vista de sus propias verdades de fe, se dispone a compartirlo para continuar estructurando y poniendo a prueba esas certezas, bien sea en contraposición o en colaboración con esa otra persona con la que nos comunicamos. En todo este proceso dejamos una pequeña rendija abierta a la duda, pero no muy amplia ya que ello produce la temida angustia.

En el caso de los medios de comunicación, las noticias nos interpelan con su ¿Has visto?... Y nosotros miramos sólo el titular, o no lo miramos, o miramos la fotografía, o el autor del texto o entramos en el texto de la noticia. Y si lo hacemos contestamos: ¡Ya lo sabía yo!, o ¡no te lo dije!, o ¡mira que son tendenciosos!, o ¡como mienten!, o ¡no se mojan!, o… Y nosotros apuntalamos o modificamos poco a poco nuestras verdades y nuestras certezas.

¿Y los medios de comunicación? ¿Cómo deciden qué tipo de ¿Has visto?..., y en qué posición dentro del medio, emiten? Esa es la auténtica piedra filosofal que convierte el plomo de la realidad en el oro de las cuentas bancarias de los grupos de presión que los controlan. En que oscuro laboratorio se formula ese elixir de la vida es algo que se me escapa, pero, tan cierto como que el Universo es inmenso, ha de ser elaborado por alguien con un fin diferente al inocente objetivo de informar.

Las noticias y las verdades y certezas que avalan los medios de comunicación son como gatos de Schrödinger, metidos dentro de cajas cerradas, compartidas con virus COVID19. Desde fuera no podemos asegurar si los gatos-noticia están aún vivos o han pasado al mundo de los muertos, de hecho están a la vez medio vivos y medio muertos. Hasta que, por fin, abrimos la tapa y leemos la noticia-gato y hacemos colapsar su función de onda cuántica y al albur de nuestros prejuicios y verdades adquiridas el felino resulta ser al final un superviviente o, por el contrario, un cadáver prescindible.

Si pudiésemos viajar a un universo de más dimensiones, podríamos preguntarnos si los medios de comunicación son el instrumento o, más bien, la medida de la realidad.  También seria interesante saber si sus noticia-gatos son contemporáneos o, por el contrario, existen en otros universos, y lo que ahora vemos es solo lo que ya ha ocurrido, o lo que ha de venir. A veces leo algún ¿Has visto?... y me siento atrapado en un túnel de gusano que me transporta desde una conclusión imposible a unas premisas falsas.

En esta tesitura, a la hora de la siesta, ataré mi caballo a la sombra de un ciprés, junto al arroyo de aguas frías y cantarinas, escuchando el cantar de los pájaros, a la espera de que el oxígeno se anime a llegar a los alveolos más profundos de mis ramificaciones pulmonares y colabore lo justo a la actividad cerebral, como para mantenerme vivo un día más.

Quien tenga caballo, que lo ate en verde prado, al abrigo de los vientos del norte. Después de la siesta mírele a los ojos y sueñe con él que cabalgan hacia el ocaso en busca de nuevas aventuras.

sábado, 4 de abril de 2020

Cara y cruz


Si llegase a morir un 5% de la población mundial debido al COVID19 aun quedarían 7.360 millones de personas para poblar la Tierra, por tanto, ¿porque preocuparse?

Bueno, siempre hay una cierta probabilidad que uno de esos muertos sea uno mismo, y eso es muy preocupante. Aunque nadie lo sabe ni lo puede saber antes de que ocurra, pongamos que nuestra probabilidad de morir por el virus sea de un 0,01 y que la probabilidad de que nos toque la lotería de Navidad es de un 0,00001. Como se ve es mucho más probable morir en estas circunstancias, que no que a uno le toque la lotería, con el agravante de que a esto jugamos todos, a la lotería sólo quien quiere.

Aparte de esta relativa preocupación, está el hecho de que el afectado puede ser nuestro hijo, o nuestro padre, y esto, aunque menos, también preocupa mucho.

La muerte de un hijo es irreparable, por cierto, como todas las muertes, a no ser que alguien sea capaz de reanimar al difunto, con una previsión de viabilidad razonable. Por otra parte, parece lógico, que la irracional e ignorante Naturaleza, nos haya preparado emocionalmente para asumir la muerte de alguien mayor que nosotros, pero no para la muerte de nuestros hijos, en quienes hemos depositado toda la confianza, para que sigan manteniendo en el tiempo nuestra herencia genética.

Datos provisionales nos informan que mientras el 15% de los infectados de más de 80 años mueren, en el caso de las personas entre 50 y 60 años esto sólo es para el 2% de ellos. Esta epidemia borrará del padrón a mucha gente mayor, aliviando los costes de las pensiones y la Seguridad Social. Si estas cifras se acabasen de confirmar podrían suponer la muerte de más de 200.000 abuelos y abuelas de más de 80 años. Siendo la media de la pensión de 1.008 euros, supondría un ahorro mensual de unos 200 millones de euros. Tampoco se ahorra tanto.

Queda por valorar el pequeño detalle de que este abuelo o abuela podría ser uno de nuestros seres queridos. Tampoco es desdeñable el empleo que genera la atención a nuestros mayores, desde la limpieza hasta la cadena de suministro, pasando por los equipos sanitarios y administrativos. Si los países desarrollados han de modificar su pirámide poblacional dotándola de más base que aguante las capas superiores, mientras podamos disponer de unos servicios sanitarios bien dotados, este episodio epidémico no cambiará notablemente el marco demográfico.

Resumiendo, los humanos ganaremos esta batalla, aunque más nos valdría, como especie, perderla en parte, para dejar hacer a la “Selección Natural” de Darwin, de forma que nos permita adaptarnos a los cambios ambientales. Los individuos concretos ya veremos si ganamos o perdemos, y en qué medida. Somos lo que recordamos y recordamos lo más cercano y que más nos afecta y también lo que los medios de comunicación se preocupan de repetirnos, para que nos acordemos y eso seamos. Recordaremos que hay buenos y malos y que nuestra vida pende de los hilos que ellos mueven. Pero claro esos buenos y malos son los que machaconamente nos repiten los mismos medios de comunicación.

Quizás de todo ello se aprenda algo, si es que hay algo que aprender. Al final de la Primera Guerra Mundial, tras la “gripe española” se debió aprender algo, quizás. Tras ello llegó el nazismo, la Segunda Guerra Mundial, el uso de las armas atómicas, y para que seguir enumerando más cosas. Un siglo después el mundo ha cambiado mucho, en algunos aspectos y en algunas regiones, y para algunos estratos sociales. Y, sin embargo, el mundo sigue rodando con su lento caminar, de forma muy similar, en algunos aspectos, a como lo hacía hace siglos.

Pasará todo esto, que de todas las crisis se sale, de las sanitarias y de las económicas, y el mundo volverá a rodar, y algunos no saldrán y otros saldrán peor que estaban y algunos saldrán mejor parados. Esto siempre es un intercambio, lo que unos pierden, otros encuentran.

Olvidaremos esto, como todo se olvida, y pensaremos de nuevo que a la cabeza de la creación podemos modelar la naturaleza a nuestra imagen y semejanza como hemos creído poder hacerlo. Pero a pesar de todo, la naturaleza, de la que formamos parte íntimamente fusionada, nos habrá recordado que somos prescindibles, salvo para nosotros mismos, y que en el sobresalto producido por un bache cósmico, o terrenal, podemos salir despedidos del tren de la historia quedando aparcados en la cuneta.

Lo dicho cuídense, si tienen edad procreen, ganen con que comer y, si les dejan, sean felices.


jueves, 19 de marzo de 2020

A Jorge Manrique


La tierra gira y gira y no lo sabe
Por no saberse, ni se sabe ella
Sobre su faz una nube de motas
Diminutas hormigas bien vestidas
Hace una eternidad mucho más quietas

Un bicho más pequeño
De cuernos trompetudos
Escondido en rincones oscuros
Te lleva hacia la Parca y tú negocias
Y te vuelves a casa o con ella pernoctas

Sonaron las trompetas
Llegó el Apocalipsis
Que no es para el verano
Como las bicicletas

Nadie recuerda lo que ayer sabía
Ni imagina lo que sabrá mañana
Y aun nuestra tierra gira y gira
La anterior, la siguiente y esta misma semana

Individuo social por afición
Individualista sociedad
Sin anestesia remendada
Aun en pie sigue la administración

Siglos de polvo encima
De ese  Jorge Manrique
Con su pluma de ganso
Oculto en hologramas de robóticos seres
Y ahora
Ese tiempo infinito e inmediato nos devuelve su copla

jueves, 13 de febrero de 2020

Leer y escribir


El filósofo Gregorio Luri reflexiona en esta entrevista sobre los desafíos de la educación en España y las prioridades que deberían marcar el futuro de nuestras escuelas.